• ATE

    28 de noviembre de 2018

    La coherencia de hacer lo que se dice

    En el marco de la semana del acampe junto a la CTA Autónoma, una extraordinaria actividad en la que pudimos debatir en las calles y con toda la sociedad las implicancias del proyecto de presupuesto que el presidente Macri y el Fondo Monetario Internacional habían presentado al Congreso de la Nación, abrimos un importante y amplio abanico de encuentros con diversas organizaciones sindicales, sociales, culturales, religiosas y partidarias -con y sin representación en el Congreso de la Nación- para oponernos a ese proyecto y alentar una perspectiva de presupuesto diferente basado en el trabajo, la producción y la soberanía.

    Conscientes de que, mediante este Presupuesto, el gobierno le entrega al FMI las llaves de la decisión soberana sobre las políticas económicas y sociales. Algo que sin dudas representa el ajuste perpetuo en el Estado nacional, en las provincias y en los municipios de nuestro país y la consecuente profundización de la recesión a niveles de depresión económica. Y significa también multiplicar la pobreza, el hambre y la inequidad en la sociedad en la que vivimos y llevarla a las antípodas de la perspectiva de desarrollo como Nación.

    Fue una trascendente semana frente al Congreso donde se expresaron todos los sectores de nuestra organización, sindicatos hermanos de la CTA A y diversas organizaciones sociales con las que compartimos la lucha sin olvidarnos de homenajear a personajes esenciales de nuestra cultura e historia popular como Rodolfo Walsh, Mercedes Sosa y las Madres de Plaza de Mayo.

    Y fue allí, al cerrar ese verdadero campamento por Trabajo, Producción y Soberanía, donde anunciamos que cuando el proyecto de Presupuesto Nacional fuera tratado, íbamos a parar y movilizarnos para abrazar al Congreso y marchar en todas las plazas del país con aquellos que estaban dispuestos a ser coherentes entre lo que dicen y lo que hacen.

    Es la misma coherencia que tuvimos el 23 de octubre cuando marchamos junto al Movimiento Evita, la CTEP y la Corriente Clasista Combativa, el día previo al paro, para alentar a que se apruebe la Ley de Emergencia Alimentaria en el Congreso de la Nación y que los legisladores voten en función de las urgencias y de las necesidades de nuestro país: terminar con el hambre y la pobreza en lugar de acatar las prioridades del FMI, que son el ajuste, la especulación financiera y el enriquecimiento de los bancos.

    Por esa misma razón paramos y nos movilizamos el día 24 y fuimos  protagonistas de esa jornada de lucha junto a los compañeros de la Federación Marítima, SiPreBA, Judiciales, APL y a todos los sindicatos y organizaciones sociales de nuestra Central. Protagonistas de la resistencia de los trabajadores y trabajadoras en la calle, y no como lo quiere hacer aparecer el editorialista del diario La Nación, Morales Solá, al acusar a nuestro gremio y a nuestra Central de ser responsables de los actos de violencia.

    Al contrario, fuimos nosotros, los compañeros y compañeras de ATE, la CTA A y las organizaciones hermanas, los que sufrimos los actos de violencia, los que padecimos una represión desmesurada y una cacería brutal que no distinguió entre trabajadores movilizados, vendedores ambulantes y ocasionales transeúntes,

    Fuimos nosotros los que sufrimos los heridos y los detenidos en una extensa jornada que se extendió en la puerta de la comisaría hasta que el último de ellos fue liberado, ya entrada la madrugada.

    Por eso para nosotros esa discusión no empezó ni terminó ese día. Primero porque este proyecto del presupuesto de la entrega va a seguir discutiéndose en el Senado, donde va a ser más evidente aún la complicidad de gobernadores y gobernadoras que se dicen opositores pero que en realidad son cómplices de las políticas del gobierno nacional, de la subordinación al FMI y de las gravísimas consecuencias que va a tener sobre nuestras provincias.

    Además, el agravamiento de las políticas que ya se están  aplicando, va a multiplicar las razones para seguir luchando, para ser más coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos, para garantizar con organización la capacidad de construir unidad para una propuesta alternativa que cambie este gobierno de Macri y nos permita construir una perspectiva de dignidad y de justicia para nuestro pueblo.

    Por eso la tarea es continuar generando condiciones para construir un nuevo paro nacional y una gran movilización para repudiar la presencia de Trump, el presidente del imperio norteamericano, que junto con otros mandatarios de las principales potencias del mundo van a querer venir a Argentina a coronar en el G20 sus políticas de expoliación y dependencia.

    Lo que sigue también para los trabajadores estatales es continuar la discusión de los presupuestos provinciales para que no se repliquen en ellos las nefastas políticas del ejecutivo nacional, para lograr incluir a nuestro pueblo en un  Estado democrático y popular.

    Estamos convencidos de que en la medida que avancen las políticas de ajuste con represión, lo que se deteriora es la democracia real y lo que se fortalece es la democracia formal. Ejemplo de ello es lo que está pasando en el hermano país de Brasil con el retorno del fascismo.

    Nuestro gremio viene participando activamente de innumerables gestas del pueblo como el Encuentro Nacional de Mujeres en Chubut -con una enorme delegación de compañeras de todo el país- o la marcha en defensa de la Salud Pública y la participación en el Encuentro de Medicina Social realizado en Bolivia. Y encara el último tramo del 2018 con una agenda importantísima de luchas, propuestas y acciones que fortalecen nuestro desarrollo en el territorio, profundizan la unidad con las organizaciones populares de América Latina y consolidan la formación política de nuestros cuadros.

    Así como en la editorial anterior dijimos que había que ganar las calles, ahora tenemos que ganar las conciencias de nuestros trabajadores y de nuestro pueblo. Para ello hay que estar plenamente convencidos, quienes día a día construimos nuestra ATE, que solamente tendremos destino como Nación si fortalecemos el sentido de autonomía de nuestros pueblos y la conciencia política en nuestros militantes.

    Al mismo tiempo que peleamos y construimos nuevos derechos, tenemos que abrir el camino a un nuevo tipo de Estado y a un nuevo tipo de democracia. Porque solo habrá democracia plena cuando terminemos con el hambre,  la pobreza y abramos espacios plenos de participación de nuestro pueblo. Solo así el Estado dejará de ser un cascarón vacío y hueco para convertirse en la expresión de una patria grande latinoamericana, plenamente soberana y justa, gobernada por hombres y mujeres libres.

     


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