• ATE

    28 de febrero de 2018

    En el marco de una denostación a la acción sindical, tratando de socavar la mística transformadora y revolucionaria que en ella anida quiero recordar y traer al presente a la figura del referente de mi primera militancia en una organización política: Amado Olmos.

    Hoy, hace 50 años en un extraño accidente automovilístico cerca de Villa María fallecía el líder del sindicalismo argentino. Faltaba poco para la realización del congreso unificador de la CGT (28 de
    marzo 1968) y todo indicaba que su figura contenía y expresaba todos los matices más genuinos de la clase trabajadora y por lo cual lo iban a  elegir como Secretario General.

    Sus compañeros que estaban dando vuelta la taba para enfrentar la dictadura de Onganía, necesitaban de una personalidad cuyo pensamiento y acción expresara lo mejor de los trabajadores y se tuvieron que conformar homenajearlo y nominar a ese congreso con su nombre.

    No tardaron en manifestarse las contradicciones que él había logrado sintetizar y se retirarían de allí algunas delegaciones comandadas por Vandor sin impedir que la mayoría de los delegados sesionaran y dieran a luz la “CGT de los Argentinos” proclamando a Raimundo Ongaro como secretario General.

    Amado Olmos se había incorporado a las fuerzas del Peronismo dejando  su militancia del partido comunista y acompañando a tantos que como Puiggros (intelectual) o Ángel Cairo (sindicalista), optaban por protagonizar en la primera experiencia de gobierno de los trabajadores en nuestra patria.

    Fundador y primer secretario general de Sindicato de la Sanidad, en 1948 y 1949, se distinguió por la predica a favor de la hegemonía de los trabajadores en la conducción del movimiento Peronista.

    Tuvo destacadas actuación durante esa época, y profundizo su militancia y protagonismo después del golpe militar de 1955 convencido como estaba de que:"El peronismo fue derribado del poder desde el poder mismo. No fue un movimiento de masas ni el malestar del pueblo, sino una red sutil de intereses económicos extranjeros que aspiraban a dominar nuestra economía". Por eso se enrolo en la resistencia, aun desde sus posiciones críticas como las que lo llevaron a votar en contra de introducir capitales de la empresa petrolera norteamericana “La California”, siendo Diputado Nacional en 1954. 

    Participo en la creación de las 62 organizaciones, o las convocatorias sindicales que dieron origen a los programas de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962) donde se plasmarían las propuestas de la Clase
    Obrera hacia la comunidad.

    Alternando sí, con la cárcel que en varias oportunidades (Caseros, Rawson, Bahía Blanca y Rosario) por los enfrentamientos con la dictadura o durante el gobierno de Frondizi.

    Se lo asociaba a la idea de conformar un “partido obrero”, y promovió la creación de la “Unión Popular” en 1962, ganando las elecciones a gobernador en la provincia de Buenos Aires, con la figura del sindicalista Andrés Framini (AOT).

    Su pensamiento y acción fueron exaltados por su compañero John William Cooke: “porque en un medio de venalidad y cobardía, Amado mantuvo las manos limpias y el pensamiento claro Porque luchó en medio de la contaminación sin sucumbir a ella. Eso lo sabe todo el que actúe en la lucha de estos años, de ahí la autoridad moral que Olmos conservó frente a las bases obreras y peronistas y aún frente a los que no participaron de su misma actitud de rectitud ética”.

    Profundo en su pensamiento y defensor de la militancia sindical autentica, no tenia pelos en la lengua para decir: "Hay dirigentes que han adoptado las formas de vida, los automóviles, las casas, las
    inversiones y los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde luego que con una actitud de este tipo no pueden encabezar a la clase obrera".
     
    “Hay dirigentes gremiales cuya mentalidad no da para más y como hijos del capitalismo, siguen obedientes a sus viejos padres, y buscan la solución en este sistema liberal capitalista… Los trabajadores no quieren soluciones por arriba… Quieren el sindicalismo integral, que se proyecte hacia el control del poder, lo cual asegura el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista”.

    Sembró y trascendió en la corriente combativa que conformaron entre otro Raimundo Ongaro, Atilio López, Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale,  Julio Guillán, Héctor Quagliaro, el “negro” Aguirre, Benito Romano y Atilio Santillán.

    Iluminó a las generaciones que resistimos al genocidio y espero que fortalezca en los nuevos cuadros su identidad de trabajadores, argentinos e indoiberoafroamericanos que día a día construyen en el
    siglo XXI el derrotero de cambiar la sociedad y terminar por siempre la explotación del hombre por el hombre.


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